Dinero feliz: Haz lo que te gusta y no tendrás que trabajar nunca

Dinero feliz: Haz lo que te gusta y no tendrás que trabajar nunca

Gran parte de las creencias que se instalan en nosotros sobre el dinero, como en multitud de otros temas, comienzan a calar desde la infancia a través de nuestros padres y entorno social.

Aquello que oigamos en casa acerca del dinero, si es bueno o malo, si nos hace mejores o peores personas, si somos ricos o pobres, se asocia en nuestra mente e impregna nuestro bagaje emocional.

Más adelante, todas estas creencias influirán en nuestra relación con el dinero, a menos que pongamos plena consciencia en identificarlas si no estamos obteniendo los resultados esperados en nuestra vida.Actualmente ya no se nos escapa que lo que creemos, creamos. De la misma manera, una relación saludable con el dinero nos abre una perspectiva sana de riqueza y abundancia.Mucho podríamos decir sobre este tema, pero propongo centrarnos en dos ideas básicas.

Dinero feliz

Poco a poco va calando cada vez más la idea de dinero feliz, asociada a escenarios de abundancia y riqueza frente a conceptos de escasez y pobreza. ¿Qué viene a decir este concepto?

Si entendemos el dinero como un ente independiente y autónomo con vida propia y le atribuimos carga emocional, le cedemos un gran poder sobre nosotros, nuestra vida y nuestras relaciones.

Sabemos, sin ninguna duda y es importante que esto nos quede muy claro, que el dinero es algo neutro, no un ser vivo, es un instrumento y una creación humana de intercambio entre las personas. No tiene nada que ver con lo que cada cual opina de él, con su mala prensa, sino que cada uno de nosotros es responsable de la manera de conseguirlo y del uso que hace de él.

Dinero feliz es aquel dinero que invierto en lo que me gusta y en lo que no me gusta tanto, cambiando el significado que le doy. Si pago una multa, invierto en aprendizaje. Si pago una factura de gas, invierto en comodidad. Si pago mi casa, invierto en patrimonio, etc. Y nunca, nunca, pago algo con odio, rencor, ira, menosprecio o cualquier otra emoción negativa. Aunque me cueste encontrarla, procuraré buscar la parte positiva asociada al acto de pagar algo y si no la encuentro, me la invento para ese caso concreto. Sí, me la invento.

Por ejemplo: si pierdo mi asignación semanal en un despiste, lo asociaré a “invertir en el aprendizaje de ser más cuidadoso en adelante”. No me hará ninguna gracia, estaré incluso enfadado, pero al hacer este ejercicio, observaremos que la sensación de “aprender a ser más cuidadoso en adelante y así no me volverá a pasar más” nos quita parte del enfado. También podemos pensar que alguien con alguna necesidad lo encontrará y así invertimos en mejorar su bienestar, etc. Se trata de cambiar el concepto de pagos por inversiones, rebajando y mejorando la carga emocional.

Por supuesto, si invierto en ocio, en proyectos que me ilusionan, en mi familia, en mis aficiones, en mis amigos, en viajar, etc. se sobreentiende que la sensación siempre es positiva, aunque hay personas cuya avaricia y tacañería les lleva siempre a sentir disgusto ante cualquier desembolso, incluso, y a veces, sobre todo, cuando invierten en sí mismos, pero esto es prácticamente un comportamiento disfuncional fuera del tema de hoy.

Por otro lado, el dinero que percibo por mi actividad profesional o la asignación que me dan en casa mis padres o el resto de mi familia, también tiene para mí el mismo halo de dinero feliz, dinero merecido, agradecido, bien recibido, dinero dado con cariño, para invertir en montones de cosas siempre agradables.

Creo que ya es hora de quitarle el sambenito al dinero, una forma de energía para mí, y hacernos responsables y conscientes del uso que cada uno de nosotros hacemos de él.

Tra-bajo o tra-alto (Por obligación, por disfrute)

El segundo concepto es un simple juego de palabras inventado con un profundo significado para mí.

Se trata de la perspectiva desde la que realizo mi actividad profesional, incluyo también las tareas que pueden realizar nuestros niños y jóvenes en el entorno familiar por las que reciben alguna recompensa dineraria. Desde el trabajo o desde el traalto, es decir, desde la obligación, la necesidad y la imposición o desde el disfrute, la creatividad y el deleite.

Desde una vibración baja o desde una vibración alta. Desde el conocimiento dirigido o desde los dones y el talento innatos.

disfrutar-trabajoHaz lo que te gusta y no trabajarás nunca.

Esto no quiere decir que no me esfuerce, que no sea perseverante o que no tenga implicación, justo todo lo contrario, si mi actividad deriva de los dones, no trabajo, sólo tra-alto y transmuto lo que hago porque el origen lo es todo y cambia radicalmente el enfoque y la energía que pongo en ello.

Averiguar cuáles son los dones de los niños involucra tanto a padres como a educadores y sirve como recomendación para grandes y pequeños. Dejemos de verlos como aficiones o como sueños colocándolos dentro de sus/nuestras vidas en el centro de su/nuestra actividad profesional o laboral.

Dejemos de bloquearlos, etiquetarlos y ningunearlos con las limitaciones de la mente y de proponer a nuestros hijos carreras convencionales si ellos no las adoptan y reconocen como suyas. Cada uno sabe con certeza qué hace realmente bien y de adultos podemos llegar incluso a olvidarlo si no lo fomentamos a lo largo de nuestra vida.

La nueva economía está pidiendo a gritos personas implicadas, auto motivadas, creativas, genuinas y felices que hacen lo que les apasiona y además lo realizan con facilidad y exquisitez, cada vez hay más gente que así lo entiende y así lo practica.Cada vez hay más profesionales que son verdaderos genios y artistas en lo que hacen porque dejaron de trabajar y sólo tra-altan.

Un dato para terminar. Algunas de las profesiones más demandadas y mejor remuneradas hoy día no existían hace apenas una década. Dejemos pues abierta la puerta al talento, la creatividad y la apertura de espíritu, motivando y observando, nuestros niños nos irán diciendo en qué destacan y para lo que son únicos.

No perdamos la ocasión para inculcar a nuestros niños creencias positivas sobre el dinero, la abundancia, la riqueza y la prosperidad.

Animémosles a desarrollar sus talentos, aquello en lo que destacan con naturalidad. Promovamos su buena asociación emocional con todos estos conceptos y facilitemos su futuro personal y profesional, inculcando valores y conocimientos, como en todos los aspectos de la vida y también en éste.

ana-mendez-morilloAna Méndez Morillo

Coach y escritora

Proyecto Analea

Blog: Cambio de actividad


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